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Relatos de pacientes con la enfermedad de Parkinson

Alun (Gales)

El viaje de Alun con la enfermedad de Parkinson se inició con el bloqueo motor de un hombro y crisis depresivas cuando estaba rozando los 50 años.  Su esposa le sugirió que preguntara a su médico si se trataba de la enfermedad de Parkinson.  Así lo hizo y obtuvo un diagnóstico concluyente en 1999, momento en que inició el tratamiento.

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Carlos (España)

En 1988, después de habérsele diagnosticado la enfermedad de Parkinson a los 38 años, Carlos decidió que su vida no había terminado, sino que solo era el principio de una nueva vida. A pesar de sus síntomas de lentitud de movimiento, pérdida de equilibrio y cambios en el habla, Carlos mantuvo su optimismo. Mientras buscaba un tratamiento eficaz, Carlos se negó a permitir que la enfermedad de Parkinson tomara el control de su vida, afirmando: “La enfermedad de Parkinson puede ser difícil, pero solo si dejas que te controle.”

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Christer (Suecia)

Christer recuerda el momento de su encuentro con el Sr. Parkinson – porque se estaba poniendo el reloj, así que se acuerda del minuto exacto en que sucedió. En 1988, a la edad de 45 años, estaba estudiando para ser neurólogo y rápidamente redujo el abanico de posibilidades que podían ser las causantes de la torpeza de su mano.  Hacer frente a su diagnóstico seguía siendo una tarea difícil, mientras soportaba episodios de bloqueo motor cuando debía ir a sitios y proseguir con su trabajo.

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Jesús (España)

El viaje de Jesús con la enfermedad de Parkinson se remonta a 1985. Fue en este momento cuando Jesús empezó inicialmente a experimentar síntomas como perder fácilmente el equilibrio. A Jesús no le inquietaban estos síntomas porque solamente parecían aparecer durante momentos de estrés. Sin embargo, cuando su brazo izquierdo dejó de balancearse al andar, Jesús empezó a preocuparse.

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Sheila (Reino Unido)

Nadie me había dicho que la enfermedad de Parkinson me provocaría vértigo, haría menguar mi voz, me causaría dificultades para escribir y me arrebataría el sentido del olfato. Nadie me había dicho que se podía contraer Parkinson siendo aún joven – yo tenía 42 años. Nadie me había dicho que el parkinsonismo me haría llorar al ver caer mi sombrero o cómo afectaría a mi familia. Nadie me había dicho la falta de tacto que podían mostrar las personas, pero también lo amables y comprensivas que podían llegar a ser. Nadie me había dicho lo rica y apasionante que puede llegar a ser la vida después de que te diagnostiquen la enfermedad de Parkinson.

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Verónica (España)

Verónica conoció a su esposo, José María, a la tierna edad de 16 años; desde su primer encuentro, la pareja sabía que había encontrado su media naranja. Una vez Verónica hubo finalizado sus estudios, los dos iniciaron una exitosa vida juntos. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar en 2003 cuando Verónica se dio cuenta de que su marido, que siempre había sido un hombre animado y feliz, se había vuelto totalmente inexpresivo. Su preocupación creció cuando José María empezó a perder mucho peso y a mostrar cambios bruscos en su estado de ánimo. En 2004, la pareja decidió visitar a su médico de familia para comentar los síntomas que José María padecía. Tras ser derivado a un neurólogo, Verónica acompañó a su esposo a la cita. Ambos quedaron conmocionados cuando a José Maria se le diagnosticó la enfermedad de Parkinson.  Su reacción de desesperación se transformó en optimismo cuando su marido le dijo: “Vero, no hagamos de esto una tragedia.”

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Facies de máscara


Los pacientes explican las consecuencias de su incapacidad para mostrar expresiones faciales.