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Dra. María Galindo: "Es un reto ser madre con una enfermedad reumática, pero se puede conseguir"

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    Las enfermedades reumáticas, especialmente las inflamatorias, como la artritis reumatoide, el lupus o la espondilitis anquilosante, son patologías crónicas que necesitan de un tratamiento continuado para mantenerlas controladas. Se da la circunstancia de que dichas enfermedades afectan, principalmente, a mujeres en edad fértil lo que, muchas veces, dificulta o les hace renunciar a la idea de ser madres.

    Para poner blanco sobre negro hemos hablado con la reumatóloga María Galindo quien asegura que para estas pacientes “es todo un reto quedarse embarazadas, pero, con la planificación y la ayuda adecuada, se puede conseguir”.

    La doctora Galindo es médico adjunto del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario 12 de Octubre, en Madrid, y una de las especialistas que ha tratado a mujeres con enfermedades inflamatorias crónicas que deseaban tener familia.

    P.- ¿Doctora, en qué ha cambiado la Medicina para que estas mujeres no tengan que renunciar a ser madres?

    MG.- Sobre todo han cambiado los medicamentos que utilizamos para tratar estas enfermedades y también se ha avanzado en el conocimiento sobre cómo actúan estos fármacos en el organismo. Hasta hace relativamente poco tiempo, unos 10 años más o menos, las posibilidades terapéuticas para controlar la actividad de la enfermedad durante el embarazo eran muy limitadas y ello nos obligaba a retirar gran parte de estos fármacos y a que las pacientes tuvieran un brote de la enfermedad. Por eso si las pacientes presentaban una enfermedad muy activa, directamente se les desaconsejada tener hijos. Con el tiempo hemos aprendido a planificar el deseo gestacional de estas pacientes, a ajustar su tratamiento de manera que lleguen al embarazo en la situación más idónea de control de su enfermedad y con fármacos que se puedan mantener con alto nivel de seguridad durante la gestación tanto para ellas como para el feto. Llegan en mejores condiciones, sin abandonar el tratamiento lo que, a su vez, mejora el pronóstico del embarazo.

    P.- ¿Esto también podríamos aplicarlo a las pacientes que tuvieron una mala experiencia con su primer hijo y no tienen más por miedo a revivirlo, o a las que aún no se les había diagnosticado la enfermedad cuando tuvieron su primer hijo?

    MG.- Por supuesto, pero siempre valorando cómo fue el curso de las gestaciones previas (si desarrolló preeclampsia o cualquier otra complicación que supusiera una contraindicación relativa para nuevas gestaciones).

    P.- Si nos ponemos en situación y llega una paciente a su consulta ¿cómo se abordaría el tema del embarazo?

    MG.- Va a depender mucho de la edad en la que debute la paciente, pero si es una mujer con un deseo manifiesto de tener familia es muy importante que nosotros los médicos abordemos este aspecto desde el principio. Ya en las primeras consultas debemos tratarlo igual que hacemos con otros aspectos como saber si ha tenido infecciones graves o una patología neoplásica, porque son aspectos que te van a condicionar la decisión del tratamiento.

    El tema del embarazo, hasta ahora era un tema inconscientemente secundario para el médico pues nos centramos sobre todo en controlar la actividad de la enfermedad, pero no para la paciente, por eso hay que abordarlo desde el principio. Es algo que los reumatólogos ya estamos interiorizando e integrando en las consultas para conseguir normalizar la enfermedad y que sea la mujer quien, de forma consensuada con nosotros, pueda decidir si quiere o no tener hijos. Quiero apuntar que también lo debemos hacer con nuestros pacientes varones, ya que también pueden querer tener hijos y es necesario ajustar su tratamiento.
     
    P.- ¿Por qué es tan importante esa colaboración entre médico y paciente?

    MG.- Es esencial porque hablamos de un embarazo de riesgo y es fundamental la planificación del mismo. La paciente tiene la última palabra, pero nosotros tenemos la obligación de darles toda la información disponible sobre este aspecto e intentar adecuar el tratamiento lo más posible al embarazo si este es uno de sus objetivos principales. Por ejemplo, con la terapia biológica hay más evidencia y datos de seguridad que con otros fármacos clásicos.

    P.- Poniéndonos en el caso de que una paciente muestre su deseo de ser madre ¿qué pasos se deberían seguir?

    MG.- Lo primero que hay que decirle a la paciente es que es posible que tengan un embarazo exitoso pero que hay que hacerlo en las condiciones idóneas. Para ello, ese embarazo tiene que ser lo más planificado posible controlando las condiciones: baja actividad de la enfermedad, haber hecho un chequeo de otras enfermedades y, por supuesto, un ajuste del tratamiento. E insistir en que la enfermedad debe estar controlada antes de quedarse embarazada, porque eso va a influir en la evolución de la madre y en el curso del embarazo.

    Haciéndolo de manera planificada, las pacientes lo entienden y comprenden que no les estás negando la posibilidad de que se queden embarazadas, sino que tenemos que colaborar y trabajar, de manera coordinada y multidisciplinar -junto con los obstetras- para minimizar el riesgo de complicaciones y aumentar las posibilidades de éxito.

    P.- ¿Existen protocolos en los centros sanitarios para esta colaboración multidisciplinar?

    MG.- Cada vez hay más centros que cuentan con consultas multidisciplinares en las que hay ginecólogos que trabajan conjuntamente con otros especialistas. Son profesionales que están familiarizados con este tipo de embarazos, no solo con pacientes con enfermedades reumatológicas, sino también oncológicas, neurológicas, digestivas o dermatológicas en las que hay pacientes con terapias inmunosupresoras que también están en edad fértil y, además, quieren tener familia. En el ámbito de la Reumatología, cada vez hay más interés en este tema, de hecho, se aborda en todos los foros científicos, y es habitual que los grandes centros cuenten con estas consultas multidisciplinares y con protocolos de actuación que garantizan esa planificación y seguimiento.

    P.- Ya hemos llegado al embarazo y está todo bajo control ¿Qué pasa después de haber dado a luz?

    MG.- Todo va a depender de cómo evolucione el embarazo. Si una paciente ha llegado al embarazo sin actividad y con poco tratamiento es importante controlar que en el puerperio no tenga un repunte de la actividad. Si la paciente ha seguido con su terapia durante el embarazo -tratamiento biológico o inmunosupresor-, como ya está tratada en principio solo habría que vigilar a la paciente de forma más estrecha. Un aspecto también importante es la lactancia. La mayoría de los tratamientos permitidos durante la gestación se pueden mantener durante la lactancia ya que la cantidad que se excreta en la leche materna es mínima. Si la paciente ha recibido tratamiento inmunosupresor durante el embarazo, se debe evitar la administración de vacunas con virus vivos atenuados en los primeros 6 meses de vida del recién nacido.

    En conclusión, el mensaje que debemos dar es positivo para aquellas mujeres que teniendo una enfermedad inflamatoria crónica quieran ser madres. Con la planificación y el control adecuado, y colaborando con los especialistas, es posible cumplir el deseo de tener hijos sin necesidad de que la enfermedad empeore o decida por ti.

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